PRIMER DEBATE 🇪🇸

CLINTON Y TRUMP SE ENFRENTAN EN EL PRIMER DEBATE PRESIDENCIAL

Por qué ganó ella, a qué cartas jugó cada uno y los momentos favoritos de Tuiter.

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La nominada demócrata Hillary Clinton saluda al nominado republicano Donald J. Trump momentos antes del primer debate presidencial  celebrado en la Universidad de Hofstra University (Hempstead, Nueva York) el lunes 26 de septiembre de 2016. (Foto: Julio Cortez)

 

Patricia de Pastors

23:50 27/9/16

Una audiencia récord de 100 millones de personas era la esperada para el primero de los tres cara a caras presidenciales planificados para antes el 8 de noviembre. Hubo golpes bajos, risas, verificación de datos y muchos, muchos tweets.

POR QUÉ GANÓ ELLA

LO AFRONTÓ SIN MIEDO Y LE DEJÓ A ÉL HACER TODO EL RUIDO

“Ella ganó la noche, pero él sobrevivió como para vivir otro día”, declara esta mañana el New York Times. Con un resultado de 62% frente a un 27%, es justo decir que, preferencias políticas aparte, la preparación puede a la espontaneidad y no se puede llegar a la Casa Blanca a gritos — “Yo lo sabré bien” Billy Eichner comentaba ingenioso en Tuiter.

Ella ganó y lo hizo con valor y elegancia (¿lo pillas?) según la  amplia mayoría de publicaciones. Dejó a Trump perder los nervios y contradecirse, y no dudó en soltar los bombazos de turno: la birther lie (el comentario que hizo el republicano la semana pasada sobre que Barack Obama sí es finalmente ciudadano de los Estados Unidos), su apoyo reconocido en 2002 de la invasión de Irak, sus continuos insultos a las mujeres, evasión de impuestos o incapacidad de ser presidente por su inestable temperamento — todos esos términos estratégicamente repetidos durante la campaña de Clinton, para quienes se hayan acabado de unir.

Interrumpiéndola 22 veces en 26 minutos, a Donald pareció abandonarle su “templanza” pasada la primera media hora, cuando empezó a negar sistemáticamente cualquier hecho que ella le lanzase para luego inculparla de los mismos. Por ejemplo, aseguró estar orgulloso de haber sido quien forzara a Obama a presentar su certificado de nacimiento (añadiendo que eso ella no consiguió hacerlo cuando se enfrentó a él en 2008) o que su alto temperamento es su mejor aliado — a lo que el público respondió con una carcajada.

 

ELLA PROPUSO DE FORMA CLARA SUS PLANES DE GOBIERNO

Durante los primeros 25 minutos, el candidato de Queens hizo un muy buen trabajo. Hizo tambalearse a Clinton al sacar temas clave como el mercado y la cogió por sorpresa (quizá porque no esperaba tener que abordar el tema tan pronto) al contraatacar con los emails cuando ella le pidió que publicase su declaración de impuestos, uno de sus argumentos más fuertes.

El republicano se mostró cómodo improvisando su actuación e incluso hizo un par de guiños al púbilco. Pero volvemos al mismo punto: aún quedaban 75 minutos y cuando ella explicó sus planes de cara al Daesh, acceso a la universidad sin fianza, planificación familiar o igualdad salarial para las mujeres, todo lo que él pudo ofrecer era su intención de disolver la organización terrorista, hacer más estrictas las leyes de política de inmigración con medidas divisivas o abordar la tasa de desempleo tratando de que los norteamericanos conserven sus puestos de trabajo durante más tiempo.

CUIDÓ MAS SU LENGUAJE CORPORAL

La actuación de Clinton tampoco fue ni mucho menos perfecta: estuvo demasiado cerebrito en algunos momentos y no logró transmitir la confianza y humanidad que tantos problemas le están dando; un enfoque más suelto y accesible podría haber suavizado a los incondicionales de Bernie y movilizado a los indecisos hacia esos 270 votos que los dos necesitan, según los analistas.

No obstante, sus jefes de campaña tuvieron motivos para poder irse a brindar entre bastidores porque Hillary clavó un par de momentos relacionados con la imagen. En primer lugar, en ningún momento se dejó embaucar por sus estrategias de provocación: no levantó la voz, no reaccionó de forma altiva a sus imprecisas afirmaciones, ni tampoco instó de manera casual al público a que lo hiciera con alguna sonrisa o inclinación de cabeza. En segundo lugar, se marcó un Frank Underwood épico cuando miró a la cámara durante diez segundos seguidos en el momento más crucial para conectar con sus votantes — cuando él negó haber apoyado la invasión de Irak. Su mirada habló por ella, como diciendo “juzga tú mismo. ¿Te imaginas a este hombre montando un pollo en una cumbre mundial por contradecirle sobre un asunto de estado?”.

Por último, ella transmitió mucha más confianza y autoridad con su lenguaje no verbal: alternó sonreír de forma calmada y escuchar activamente las respuestas e ideas de Trump, no bebió agua en ningún momento mientras que él lo hizo seis veces (sus problemas con la tos han dado que hablar con respecto a su salud), se aseguró de saludar al “moderador” Lester Holt primero y, al contrario que él, se paró a dar la mano al público cuando terminó el debate.

PROYECTÓ LA IMAGEN DE UN PAÍS CON FUTURO

Independientemente de la forma en la que se expresaron, el centro del debate fueron por suspuesto sus mensajes: él pintó un Estados Unidos inseguro y colapsado que solo él puede sacar adelante con su experiencia empresarial. Por el contrario, ella describió un panorama de prosperidad y unidad, en el que todo el mundo podrá aspirar a un futuro equivalente a su potencial.

En otras palabras, ella apeló a las mujeres, niños, jóvenes, ancianos, inmigrantes, homosexuales… Mientras que él se dirigió a su base de votantes, compuesta principalemtne por hombres blancos conservadores y entrados en edad.

TRUMP NO APROVECHÓ AL MÁXIMO SUS ATAQUES

El candidato republicano mencionó a Bernie y los emails solo una vez. Habiendo amenazado tan gravemente su nominación y campaña respectivamente, muchos se preguntaron por qué no aprovechó más la oportunidad. Igualmente, tampoco sacó el tema de su reciente neumonía, sin duda el asunto más delicado que la ha rodeado últimamente. Y cuando la conversación dio paso a su misoginia, Trump aludió a Rosie O’Donnell (la presentadora de televisión con quien mantiene una enemistad desde 2006) sin que Clinton ni Holt se lo pidieran. “Dije algunas cosas bastante fuertes sobre ella y creo que todo el mundo está de acuerdo en que se lo merece y que a nadie le da pena”, conluyó.

Pero su ataque más notable fue a su aguante — el cual le puso a ella en bandeja la respuesta de la noche. Lester le preguntó sobre sus comentarios acerca de que Clinton no tiene el porte de un presidente. Visiblemente arrinconado, el neoyorquino dijo que se refería a su fuerza, y que el no tenerla le impediría llevar a cabo negociaciones con Japón o Arabia Saudí. Su respuesta: “en cuanto haya viajado a 112 países (ella batió el récord de países visitados cuando fue secretaria de estado) y negocie tratados de paz [….] o pase 11 horas testificando ante un comité congresual, puede venir a hablarme de aguante”. Ensayado: sí. Demoledor: dímelo tú…

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AUN ASÍ, NO TODO FUE DE COLOR DE ROSA: HILLARY SIGUE SIN DESPERTAR DEMASIADA SIMPATÍA Y CONFIANZA

A pesar de referirse a su experiencia de toda una vida abogando por las mujeres y los niños o su nuevo papel como abuela, muchos de sus detractores aseguraron seguir viendo a una Hillary deshonesta y distante.

El uso inapropiado de su servidor personal de correo electrónico claramente sigue levantando polémica. Tras admitir completa resposabilidad cuando se hizo público el año pasado, Hillary pasó página y trató de restarle importancia en vista de la enorme amenaza que supuso para la credibilidad de su segunda campaña.

En cuanto a su popularidad, aunque está claro que la aspirante de Chicago no va a salir bailando o leyendo tuits graciosos en programas de entrevistas como los Obama (cómo se les va a echar de menos), a los 67 años y después de más de 40 bajo el escrutinio de la vida pública, es comprensible que Clinton prefiera centrarse en transmitir su proposición de crecimiento, estabilidad y oportunidades para todos a hacer apariciones estrella para tener más clics. (Y aún así, siempre lo peta en Ellen).

A QUÉ CARTAS JUGÓ CADA UNO

Tal y como se esperaba, Trump apeló a su reputación de tío fuerte y seguro de sí mismo (y con muy buen resultado al principio). Su lenguaje no verbal le acompañó, y satisfizo a sus seguidores al inculpar sin respeto a la demócrata de todo. En un momento, ella comentó entre risas que al final de la noche él la iba a haber culpado de todo lo que ha pasado en la historia, a lo que él dijo “por qué no“. Lo que los comentaristas no esperaban era que fuera tan agresivo con el moderador, a quien dijo “estás equivocado” y cortó en numerosas ocasiones, o que diera la vuelta a sus polémicas diciendo estar orgulloso de ellas (certificado de Obama y alto temperamento) 

Hillary, por el contrario, se había preparado los temas al milímetro y derrochó un aplomo y mesura que le dieron la victoria. Lo que no le funcionó fue su intento forzado de sentido del humor, que muchos percibieron como arrogante y calculado.

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LOS MOMENTOS ESTRELLA

Un porcentaje decisivo del electorado son los denominados millenials (aquellos nacidos entre 1980 y 2000), y como tal la presencia en Internet por parte de ambos partidos era determinante. Por primera vez en la historia, en el próximo debate presidencial los aspirantes responderán a preguntas formuladas a través de Facebook en la noche del domingo.

Los momentos más heavy se transformaron en gifs, memes y trending topics (#sniffles, #shimmy), y numerosas personalidades del mundo del entretenimiento como Seth MacFarlane, Leslie Jones o Rosie O’Donnell compartieron su amor por Trump (y por Hillary). El momento más aplaudido de Trump fue cuando mencionó los 33.000 emails clasificados que le pidió que publicase y el de ella, cuando se rió mientras respiraba hondo tras varios minutos esperando su turno.

En resumen, el debate fue denso pero entretenido. Los simpatizantes de ambos candidatos vieron cómo actuaría cada uno si fuera presidente, y a los indecisos se les dieron más argumentos para comparar.

Ahora, a solo seis semanas del día de la votación, todos los ojos están puestos en el debate de vicepresidentes en el que el martes se enfrantarán el aspirante republicano Mike Pence (gobernador de Indiana) y el demócrata Tim Kaine (senador por Virginia).

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Puedes leer la versión en inglés aquí mismo.

Todas las opiniones políticas recogidas en este artículo proceden de las fuentes referenciadas en el mismo, no habiendo por tanto ninguna creencia personal expresada por mi parte.

Todos los vídeos están tomados de cnalaes de noticias, cuyos nombres figuran en los enlaces, y se han usado para fines informativos. Nada del contenido es mío.

FIRST DEBATE

Clinton and Trump Face off in the First Presidential Debate

Why she won, what cards each candidate played and A+ mic drops.

 

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Democratic nominee Hillary Rodham Clinton shakes hands with Republican  nominee Donald J. Trump moments before the first presidential debate at Hofstra University in Hempstead, N.Y. on Monday, Sept. 26, 2016.

 

By Patricia de Pastors

11:50 PM PST 9/27/16

 

A record-breaking 100 million people were expected to tune in last night, when the first of the three presidential debates leading up to November 8th was held. There were punches, there were laughs, there was fact-checking and oh boy, were there tweets.

WHY SHE WON

She went there while letting him do the yelling

“She won the night, but he lived to fight another day,” the New York Times declares today. It was a 62% versus 27%, so it’s fair to say that political views aside, preparation beats spontaneity and you can’t scream your way into the White House — “I should know,” Billy Eichner artfully live tweeted.

She won and she did with grit and grace (see what I did here?) according to the vast majority of publications. She let Trump fly off the handle and contradict himself all the while. She dropped the bombs: the “birther lie“, his supporting the invasion of Iraq, perpetually insulting women, evading taxes or being temperamentally unfit for the presidency — all those strategically repeated terms during her campaign, for those just tuning in.

Interrupting her 22 times in 26 minutes, Donald’s “cool” appeared to abandon him after half an hour, when he started systematically denying whatever fact she’d throw at him only to then turn them around on her. For example, he claimed to be proud of getting President Obama to produce his birth certificate (after deeming that a failure of her 2008 campaign) or that his best asset is indeed his temperament — to which the audience broke out in laughter.

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She put forth her plan on economy, foreign policy in plain words

During the first 25 minutes, the Queens native did an arguably very good job. He made Clinton stumble upon bringing up key topics like trade, and took her by surprise (perhaps because she was expecting to face this later on) by counterattacking with the emails when she asked him to release his tax returns, one of her strongest arguments as of last night. The reality television personality seemed comfortable in winging his performance and even played along with the audience. But then again, a good 75 minutes still remained and when she referenced her plans in regards to ISIS, tuition-free college, planned parenthood or equal pay for women, all he expounded was his intention to dismantle said terrorist organisation, strengthen legislations on immigration policies with divisive measures or tackle unemployment by urging Americans to stick to their current jobs. 

She watched her body language

Hillary was far from being a knockout: she seemed too nerdy at times and didn’t quite come across as the humane and trustworthy politician she so struggles to; a more personable and easygoing approach would have likely softened Bernie’s stalwarts and mobilised the undecided toward those 270 votes needed, according to pundits.

Nonetheless, her campaign managers might well have been toasting beers in the green room because she nailed a couple of crucial image-related moments. First, at no point did she fall for his provocative strategy: she didn’t raise her voice, react opinionatedly to his inaccurate statements or casually prompt the crowd to with grins or nods. Second, she pulled a brilliant Frank Underwood when she looked at the camera for ten seconds straight at the most vital moment to connect with her supporters — when he denied having supported the aforementioned invasion of Iraq. Her gaze spoke on her behalf, as if to say “just judge for yourself. Can you imagine this guy throwing a tantrum at a global summit when contradicted about a state affair?”

Finally, she oozed much more confidence and authority through her body language: she balanced calmly smiling and actively listening to Trump’s answers and proposals, didn’t sip water at any point while he did six times (her past issues with coughing have been a bone of contention as regards her health), she made sure to shake hands with “moderator” Lester Holt before he did and unlike him, spent time greeting audience members alongside her family after the face-off was over.

She painted a hopeful America as opposed to a collapsed one

Regardless of the way they expressed, the very core of the debate of course underlied in their messages: he painted an unsafe and collapsed America that only he on his own can carry forward with his entrepreneurial experience. On the contrary, she depicted a hopeful landscape in which everybody will have a fair shot at their potential should we come together

In other words, she appealed to women, youngsters, seniors, immigrants, homosexuals… While he did to his mostly elderly white male base of voters.

Trump didn’t make the most of his attacks

The Republican nominee brought up Bernie and the emails only once. Both issues having posed such serious threatens to the nomination process and her campaign altogether, many wondered why he didn’t make the most of the opportunity. Likewise, never did he mentioned her recent pneumonia, undoubtedly her most uneventful issue as of late. And when the conversation turned to his bigotry, he alluded Rosie O’Donnell (the gay TV personality whose feud with him dates back to 2006) without either Clinton or Holt asking him to. “I said very tough things to her and I think everybody would agree she deserves it and nobody feels sorry for her,” he concluded, letting Hollywood remind him why they’re #WithHer.

But his most conspicuous attack was on her stamina — which handed her the comeback of the night on a silver platter. Lester asked him about his having stated that she doesn’t have a presidential look and, visibly cornered, he let out that her lack of stamina would prevent her from successfully negotiating with Japan or South Arabia. Her response: “as soon as he travels to 112 countries (she broke the record of countries visited when Secretary of State) and negotiates [peace deals] or spends 11 hours testifying in front of a congressional committee, he can talk to me about stamina”. Rehearsed answer: yes. Demolishing one: you tell me.

Still, not all was a bed of roses: her trust and likability issues persist

Despite referencing her life-long work as a women and children advocate and her own experience as a grandmother, the Chicago native was claimed to appear unreliable and wise-ass.

Her admittedly mistaken use of her private email server is clearly still a subject of controversy, and one that has very much harmed her candidacy. After taking full responsibility when it surfaced last year, she moved on and though it goes without saying that she’s not going to dance on talk shows or jam the news like the Obamas have throughout his time in office (God, are they going to be missed), at 67 and after more than 40 under the scrutiny of the public eye, it’s not hard to fathom that Mrs. Clinton would rather focus on getting across a proposal of growth, stability and opportunities for all citizens alike than play the cool gal for click bait. (And still, she always rocks it on Ellen).

WHAT CARDS EACH CANDIDATE PLAYED

As expected, Trump appealed to his tough and nonchalant guy reputation (and successfully so at the outset). His nonverbal language displayed in accordance and he satisfied his supporters by disrespectfully blaming it all on the democrat.

Hillary, on the contrary, had thoroughly prepared the topics and showed off an aplomb and measure that won her the night. What didn’t work for her was her reportedly forced sense of humor, which many perceived as arrogant and stiff.

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A+ MIC DROPS

A determining percentage of the electorate are the so-called millenials (those born between 1980 and 2000). Hence, it was paramount that both campaigns’ game be strong social networks wise. Myriads of tweets kept flying from their VPs, relatives and staffers and indeed, for the first time in history hopefuls will take questions in their next smack-down that were posted on Facebook last night.

The most intense moments turned into gifs, memes and trending topics (#sniffles, #shimmy), and numerous TV personalities like Seth MacFarlane, Leslie Jones or Rosie O’Donnell herself shared her love of Trump (and Hillary). His most applauded moment was when he brought up the emails, and hers when she laughed and made a shimmy after several minutes awaiting her turn to talk.

In short, the first presidental debate was dense yet entertaining and covered all the key topics. Supporters of both sides caught a glimpse into the performance they would deliver as Commander-In-Chief, and undecided voters were given a few more arguments to compare between. 

Now, only six weeks away from election day all eyes are on next Tuesday’s vice-presidential debate, with Republican candidate Mike Pence (Governor of Indiana) and Democratic hopeful Tim Kaine (Senator from Virginia).

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KATE MCKINNON

 

Después de cuatro nominaciones en tres años, la incomparable neoyorquina se convierte en la primera actriz de reparto de la historia de “Saturday Night Live” en ganar un Emmy. En su discurso, Kate da las gracias a su padre, Hillary Clinton y a Ellen (a quienes imita en el programa).